Qué es aérobico y anaeróbico

A la mayoría seguro que os suenan estas dos palabrejas que continuamente se mencionan en cualquier artículo o charla deportiva. Pero ¿qué significan exactamente aeróbico y anaeróbico, para qué sirven y cómo funcionan?

En este artículo intentaremos arrojar un poco de luz (o liarte un poco más 😉 ) sobre estás dos fuentes de obtención de energía para nuestro organismo.

Ejercicio aeróbico

Fuentes anaeróbicas

Seguramente intuyes que si tienes que disputar una carrera de velocidad, 100 metros lisos por ejemplo, no la realizarás al mismo ritmo que si corres un maratón. Para la primera necesitas “pura explosión de energía”. Tienes que darlo todo en unos pocos segundos. La energía que necesitas para ello proviene del ATP (adenosín trifosfato) y de la fosfocreatina presentes en el músculo.

El ATP sólo dura unos pocos segundos y es usado en reacciones musculares muy rápidas que no superen los 2 ó 3 segundos (lanzamiento de disco o jabalina, etc.).

La fosfocreatina también es limitada en nuestros músculos y es utilizada para esfuerzos de 10 ó 15 segundos, como una carrera de 100 metros.

Estas dos fuentes de energía (ATP y fosfocreatina) se denominan anaeróbicas porque sus reacciones no precisan de la oxidación y se producen en ausencia de oxígeno.

Fuentes aeróbicas

Para la producción del combustible que necesitamos en ejercicios de larga duración y de intensidad media o baja, como en una carrera de gran distancia, se utilizan otro tipo de fuentes de energía que necesitan de oxígeno para su oxidación (ejercicio aeróbico). Estas fuentes son los carbohidratos, las grasas y, en mucha menor medida, las proteínas.

Nuestro organismo transforma los carbohidratos en glucosa para producir energía. La glucosa que nuestro cuerpo no consume se transforma en glucógeno y es almacenado en los músculos y en el hígado. Nuestro organismo tiene un límite de almacenamiento de glucógeno, así que cuando las reservas están llenas el excedente se transforma en grasa.

Durante nuestros entrenamientos la fuente principal de energía proviene de las reservas de glucógeno, que se vuelve a transformar en glucosa para producir energía. Durante la realización de un ejercicio de larga duración, como un maratón, es probable que consumamos todas nuestras reservas de glucógeno. Nuestro organismo empieza entonces a quemar grasas para obtener más energía. Las grasas poseen el doble de poder calórico pero su transformación en energía es más lenta.

Todas estas fuentes de energía no son excluyentes. Se utilizan en combinación unas con otras dependiendo de la magnitud y duración de los esfuerzos que realizamos.

 

Cómo conseguir el aporte de energía necesario para un maratón

Para no andarnos por las ramas te recomendaremos que si vas a correr un maratón recargues tus reservas de glucógeno cenando hidratos de carbono la noche anterior. Un buen plato de pasta sería una buena elección. Cuidado con las salsas raras. No te pongas a experimentar recetas esa noche que lo puedes pagar muy caro 😉 ).

Al día siguiente no estará de más que lleves un par de geles energéticos para consumirlos durante la carrera. Tus reservas de glucógeno no te bastarán para completar una distancia como la del maratón y no deberías confiar en las grasas. Estas te podrían proporcionar el combustible suficiente pero, como ya hemos comentado antes, se transforman lentamente en energía, por lo que te dejarán tirado si no realizas un aporte de energía rápida a través de geles energéticos.

No te vamos a recomendar ninguna marca en concreto, ya que cada uno conoce su cuerpo mejor que nadie y sabe lo que le sienta bien o mal. Lo que si te aconsejamos es que los experimentos los hagas en tus entrenamientos y no esperes al día de la carrera.

¿Cómo afrontas tu carga de energía para un maratón?

¿Has sufrido alguna “pájara” durante una carrera?

MYPROTEIN Set 5.1

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